La tía Oruga

Basado en y adaptado de La tía Daniela de Angeles Mastretta. Cuento publicado en su libro “Mujeres de ojos grandes”.  Al leerlo me sentí muy identificada y me causó mucha gracia, me reí conmigo y de mi misma. Ya que antes me parecía imposible que se sufriera tanto por alguien que lo despreciaba a uno, (¡jak, por favor! pensaba yo) hasta que la escupida me cayó en la cara.  Reconocí que sí, que el amor enferma, duele, hiere y hasta parece que mata.  Y aquí les va mi “auto-historia” …

Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, si halláis a mi amado,

Que le hagáis saber que estoy enferma de amor.

Cantares 5:8

Comentaban entre ellos “la tía Oruga se enamoró”, pero lo hizo como se enamoran las orugas inteligentes: como una completa idiota.

Lo vio un día sentado en medio de una habitual reunión de viernes por la tarde, escuchando atentamente las opiniones de otros; ¿este hombre quién se cree que es? – pensó.

Al rato lo escuchó contar historias de mundo prohibidos, cosas que ella solo había visto en las películas, se enamoró de él y de su sonrisa como si desde niña no hubiera jugado nada, no hubiera tenido locuras y utopías, ni hubiese sorprendido de sopetón a su familia y amigos al mudarse al lado de Siberia como quien da la vuelta a la esquina del barrio o cambia de posición los muebles de la habitación. Ella era tan perspicaz y aparentaba ser tan fuerte que ningún hombre quería intentarlo con ella, por más que tuviera un corazón de algodón y un instinto materno innato, por más que sus piernas despertaran las ganas de verlas descubiertas, por más que fuera linda y pura como una rosa blanca. Daba temor quererla porque algo (que nadie sabía qué con exactitud) había en su inteligencia que sugería siempre un férreo y marcado desdén por el sexo opuesto y sus enredos.

Pero aquel hombre que no sabía nada de ella, ni de sus libros, sus sueños, ni de su fe, ni sus creencias, ni mucho menos de los rumores que se susurraban sobre ella se le acercó como a una cualquiera.

En su éxtasis la tía Oruga lo dotó de una inteligencia y capacidades deslumbrantes que sobrepasaban lo humano, una nobleza angelical y habilidades un tanto extraordinarias que los hombres “X” lucían como pitufos bebés. Sus ojos lo vieron de tantos modos que en un par de meses, gracias a él, la tía Oruga creía ser experta en el género masculino.

Lo quiso convencida de que habían nacido para estar juntos, como uña y dedo, arena y mar, abeja y panal, luna y noche, Adán y Eva; se entregó desde la coronilla hasta las plantas de los pies a las ocurrencias de este fulano que desde un principio no tenía ni un minúsculo gramo de deseo de quedarse y que jamás entendió las cartas, poemas y detalles que la tía Oruga le hizo para expresarle su amor.

Después de 11 meses, un día, así como había llegado sin ceremonias ni altavoces, se fue sin despedirse, ni pronunciar una s-o-l-a  s-í-l-a-b-a.

No hubo neurona en el cerebro de la tía Oruga que fuese capaz de vislumbrar qué había pasado. Dominada por un tirano dolor desconocido, sin principio ni fin, se convirtió en la más cleta de todas las cletas habidas y por haber.

Perderlo a él fue un largo tormento, como la angustia de querer apagar un incendio forestal acarreando agua en tazas de café, o como dejar las llaves adentro del auto un lunes por la mañana cuando tienes cita con el jefe para tu ceremonia de ascenso y no puedes usar el móvil porque te quedaste sin batería, o como pasar la noche en vela a causa de los miles de zancudos silbándote alrededor, entrando por tus oídos y revoloteando en tu pelo.

Por unos cuantos días de luz, algarabía y mariposas estomacales –que luego se convirtieron en lombrices- a la tía Oruga la vida se le había tornado en una pesadilla. Se le escabulleron los proyectos, las ganas de seguir luchando por el mundo y estudiar se le desaparecieron, fue perdiendo más cabello de lo acostumbrado, la fuerza de voluntad se le extinguió, el apetito feroz que mantenía se convirtió en náuseas, se le enjutaron las carnes al punto de ponerse doble pantalón y no sentirse incómoda; era tanta la presión del llanto mezclado con el insomnio y el estrés que los ojos los tenía saltones, parecían salírsele de las órbitas, y de los cuales, se le dejaban venir sin represa ni barrera torrentadas de aguas; perdió la noción del tiempo, existía a su manera, sin día ni noche, nada más –como disco rayado- repasaba en su cabeza todos los gratos recuerdos vividos junto al mentado fulano, buscando una explicación al porqué de su repentina partida.

En tres meses se quedó casi como una pasa, seca y arrugadísima, además se encogió, se veía más bajita, una nube negra se le colocó de sombrero que la perseguía a todas partes, tampoco ya no era capaz de distinguir los colores, todo lo veía blanco y negro. Además, algo sucedió con su termostato, a pesar de andar bajo el sol con suéter y dos pares de calcetas, sus manos estaban heladas como si viniera de jugar con Elsa y Anna, las del reino del hielo.

La sacaban a pasear como si fuera una mascota a tomar el sol, a tomar aire, para que se distrajera, cada cual con un paraguas ya que era impredecible el momento cuando el diluvio de sus ojos reventaría. Había que tener cuidado con lo que se decía, oía, comía y/o hacía, ya que todo le recordaba a él, “esa palabra la decía él”, “esa canción la escuchaba él”, “esa comida la preparaba él”, “eso le gustaba a él”, “eso lo hacía él”. Al principio la invitaban a salir para ver si airándose, mirando a otros comer y hablar algo, se despavilaba y volvía a dar muestras de apego a la vida y recobraba su verdadero yo…

A veces parecía dar señales de mejoría, pero en general se había vuelto una flor marchita, iba para donde la llevaran y en cuanto le era posible se dejaba caer en cualquier sitio para descansar como si hubiese limpiado ella sola las ventanas de un edificio de 60 pisos. Empezó a dejar de hablar, tampoco se quería bañar, ni peinarse (bueno, menos que antes) ni comer queso.

Un día sus amigos decidieron abandonarla, para ver si así la hacían volver de su estado moribundo, esperaban que la furia, el hambre y la indignación la levantaran corajuda y cotorra como lo era antes; pero nada funcionó.

El día de su cumpleaños le habían preparado una sorpresa como nunca, por ser buena amiga y agradecerle por los frijoles con carne y nachos que de vez en cuando les cocinaba a los muchachos cuando veían películas, a la hora de ir a darle la sorpresa, los sorprendidos fueron ellos ya que la encontraron casi ahogada, su llanto había inundado todo el apartamento. Unos segundos más y hubiesen tenido que darle respiración de boca a boca, sabe Dios cuántos litros de lágrimas se había tragado, y esa agua triste desde el estómago le volvía a salir por los lagrimales en forma de tormenta tropical.

No se sabe ni cómo ni cuándo ni por medio de quién la tía Oruga empezó a cobrar consciencia de que esto es algo que le pasa a todos. En su necesidad de desahogo empezó a contar la historia de su mentado fulano quinimil veces, hablaba de él 24 horas al día como si el mundo se fuese a acabar, hasta que ella misma se hastió y no le encontró más sentido. Le quedaba claro que no se iba a morir de amor porque no era la niña de Guatemala, tal vez de frío pero no de amor.

Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón. – Mario Benedetti

36 comentarios en “La tía Oruga

  1. Isabel dijo:

    Hay Oruguita
    Siempre que leo siento que entiendo lo que escribes aunque no haya vivido esas experiencias me me gustan todos pero por no saber comentar no lo hago jeje…
    Esta en especial me llego al corazón y no por haberla pasado sino por haber aprendido algo que no se, desde el punto de vista del personaje principal aunque lo he visto siempre alrededor mío.

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  2. Duele, y me recuerda a situaciones similares, si bien creo que desde siempre he tenido muy bien puesta la guardia tanto que mi tía me dice que no le ladre de primas a primeras cuando muestran interés. Pero cuando uno ama durante tanto tiempo en silencio, esperando, y al tiempo de reunión que llega con tanta expectación ver la frialdad del otro lado es doloroso. Bueno la verdad nunca he sabido si eso ha sido amor, o pura obsesion. Y es que creo que siempre he querido a lo lejos, en silencio.

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    • Hola N. O. te entiendo completamente en eso de tener bien puesta la guardia, y lo peor (pero que no deja ser aprendizaje) es que cuando uno se anima a intentarlo, salen historias como las de la Tía Oruga jajaja. Eso que de esperar pues ya lo sabes el “Jeremy” me dio maestría en esa área jajaja. Un abrazo, y no dejes que nadie te lastime o te dañe, porque entonces eso no es amor.

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  3. Gre dijo:

    Como intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón? tambien me lo he preguntado y creo que solo el tiempo es capaz de tal cosa, como dicen: el tiempo todo lo cura y pone cada cosa en su lugar. Cada quien tiene su propia historia triste (por desgracia) es parte de la vida, no?,lo bueno es que tambien hay historia felices y deseo mas historias felices para ti querida Oruga, te lo mereces!
    Pd: me gusta como escribes.

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  4. Urider dijo:

    lo leí D-E-S-P-A-C-I-T-O….
    Hay frases tan buenas:
    “Después de 11 meses, un día, así como había llegado sin ceremonias ni altavoces, se fue sin despedirse, ni pronunciar una s-o-l-a s-í-l-a-b-a.”

    que me he permitido tomar algunas y publicarlas en mi muro!!!!

    bueno con los derechos reservados para Ud Oruga… siga así! me encanta leerla!!

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  5. Erika dijo:

    Me encanta leer todo lo que escribes, todo es real y verdadero. Quien pensaria que habrias pasado por eso ya. Y bueno en realidad me identifico con muchas cosas que te pasan. Las podria escribir tambien , pero nadie las describiria mejor que tu. Gracias por compartir siempre ! 😀 Saludos.

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    • Erikaaaaa 🙂 Me imagino que todas las orugas compartimos historias con muchas similitudes, algún día tendrás que contar tus historias también. Gracias por siempre estar ahí del otro lado leyendo mis cositas jejeje Un abrazo.

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  6. elobre dijo:

    Veo que cada vez tenes muchos mas fans querida oruga jeje. Me gusta mucho como contas las cosas, y me gusta aun mas que sean experiencias reales, como a todos nos ha pasado, no con fulanos pero si con fulanas jaja. Siempre se aprenden lecciones de todo lo que nos pasa, y tenes razon en decir que se superan las cosas cuando las podes contar sin caer en el hoyo otravez 🙂

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    • Gracias por el apoyo de siempre elobre. Con fulanas y menganas te pasó a ti 🙂 Gracias a la gente que Dios le pone a uno cerca es que se puede seguir disfrutando. Cada vez intento ser menos llorona para no causar inundaciones jajaja

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  7. Patita dijo:

    Mi querida Barbie cada vez que leo tus historias te admiro más y más, realmente como toda una gladeadora, después de haber soportado el frío de Rusia, realmente estás capacitada para cualquier cosa, Dios te bendiga mi querida Barbie

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    • Yo también escuché la historia, ¡muchas gracias por leer el post! y de verdad me alegra mucho que lo hayas disfrutado, creo que parte del proceso de recibir sanidad es que puedes hablar de tus experiencias sin que te lastimen, y yo digo, cuando uno es capaz de reírse sanamente de uno mismo es ¡prueba superada! 🙂

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  8. David dijo:

    La verdad me gustó más de lo que esperaba! Disfrute de la lectura como tenía ratito que no lo hacía.. La manera de contar la historia fue excelente! Como dijiste drama everywhere pero muy entretenido el drama =)

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  9. telma dijo:

    Admiro tu elocuencia al compartir una mínima fracción de experiencia en tu maravillosa existencia. Considera ese sentimiento fugaz como una prueba de la valentía de la cual has sido dotada para demostrarte a ti misma de lo que eres capaz manifestar
    en cualquier circunstancia tu inspiración en tu diario caminar en este mumdo. Sigue hacia adelante sin voltear tu mirada al pasado

    Pon en práctica la sabiduría que has adquirido por medio de quien la recibiste al nacer. Te amo!!!

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  10. Stela dijo:

    Hola.
    Soy Stela…desde España. He visto tu blog en y he entrado a leer tu última entrada “LO QUE NOS PASA A TODOS”
    Te felicitó por lo escrito, me ha gustado mucho. En ciertas frases me he sentido identificada. Creo que al escribir ya sea una canción, un verso…o cualquier otro escrito reflejamos lo que llevamos dentro, lo que pensamos o hemos vivido. El escribir nos hace conectar con la gente de otra manera.
    Mucha razón con la frase…
    “Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.” Dice una verdad muy grande.
    Ánimo y para delante. Un fuerte abrazo. Un gusto leerte.
    Un beso : )

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    • Muchas gracias Stela por tomarte el tiempo para leer y comentar, me alegra mucho que te haya gustado y te doy toda la razón, uno refleja lo que lleva adentro y es más fácil conectar con la gente eso es lo que más me gusta que nos demos cuenta que a todos nos pasan las mismas cosas aunque las expresemos de diferente manera, pero las emociones y sentimientos que experimentamos son los mismos. Un fuerte abrazo y gracias por los ánimos.

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