Las palabras tragadas

Hay días que me pregunto ¿para qué se tiene la boca?

No siempre podemos exteriorizar todo lo que revolotea en nuestro ser interior.  Hay cosas que no hallamos a quien decírselas.  Ya que para no quebrantar la armonía y la paz mundial en nuestro contexto, hay un sin fin de sustantivos con su respectivo artículo, adjetivos, adverbios, verbos, obscenidades, sufijos, prefijos, conjunciones, frases de todos tamaños, oraciones enteras y bien estructuradas; y hasta grandes textos con todos los signos de puntuación bien colocados que nos tragamos.

¿Adónde se irán todas esas palabras que se quedaron atrapadas?

Algunas veces quisiera ciertos pensamientos y frases no volvieran y que me las pudiera tragar de verdad; que al tragármelas se fueran enredadas entre mi bolo alimenticio, cayeran en mi estómago y fuesen desintegradas por los jugos gástricos.  Después automáticamente llegaran al intestino delgado y si a esas alturas todavía alguna osara en pronunciarse que fuesen atacadas por los monstruos de la flora y fauna intestinal hasta ser completamente desintegradas, para finalizar que salieran de mi intestino grueso para que con gran satisfacción al tirar de la palanca del inodoro pudiera decirles “hasta nunca jamás”

En lugar de retenerlas en mi boca cada vez que se subleven e intenten salir.

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