Los “Jeremy”

El protagonista de relaciones utópicas ¿Cómo es tu Jeremy? …

Sus pasos pesados al caminar, pantalón de vestir, una o dos tallas más grandes porque siempre tenía cosida la pretina con un hilo amarillo o naranja, camiseta de algodón lisa, sin estampado, acompañado de un maletín de abogado arrepentido y el pelo medio largo; sucedió un día “equís” entre lunes y viernes, de 5 a 9 pm, yo tenía cumplidos diecinueve años.  Ese es el recuerdo más lejano.  Así empieza la historia de mi Jeremy.

Los primeros días en la “U” en la escuela de Ciencia Política pasaban en medio de Comte, Sócrates, Maquiavelo, definiciones, conceptos y sugerencias de como debiera ser el estado, los regímenes a lo largo de la historia, la firma de los acuerdos de Paz y otras noticias.

Un día sin más ni más, estaba sentado delante de mí, escribía todo en el mismo cuaderno; era ligeramente serio, hablaba de forma complicada, era perseguido por un par de chicas y las señoras mayores del salón le gritaban un piropo de vez en cuando.

En cambio yo, escribía en un cuaderno diferente para cada asignatura, era la niña del morral y las chanclas, a veces con cara de perdida, sobre todo cuando los profesores hacían referencia a personas en puestos específicos del gobierno. De vez en cuando bromeábamos y manteníamos una relación de competitividad muda, no más. Ya que él participaba mucho en clase, le pedían su opinión, y yo no pasaba de ser una estudiante dedicada.

En conocimiento del sistema, palabras rimbombantes y estar al tanto del acontecer nacional, él me llevaba la delantera. No fue hasta la entrega de los primeros parciales que hicimos un “click” diferente; lo superé en 3 asignaturas de cinco, Filosofía (el prof. me hizo pasar al frente porque había sacado 100, ¡jak! aquellos tiempos cuando era estudiosa), Terminología Política con un 3.5/100 (él sacó un -2 o algo así y me burle con todas mis fuerzas) y en Sociología (aunque el profe le tenía mucha estima y a mí ni me reconocía entre tanto estudiante).

Desde disfrutar conversaciones antes de la clase, hacer tareas y proyectos de grupo juntos (presentaciones, mini tesis, intercambiar fotocopias, plagiar información sin dar referencias), llamar a mi casa para saber si había llegado sin novedad, dejarme algunos poemas a escondidas en mi cuaderno, cantar juntos alguna que otra estrofa de diferentes canciones frente a los compañeros de clase, caminar agarrada de su brazo hasta la parada del bus, verlo ponerse a la defensiva cuando otros chicos (especialmente uno) eran muy caballeros o me llegaban a buscar; sonrisas que se quedaban clavadas en la mente, “ataques” de las compañeras (por querer atrapar su atención y curiosidad del por qué era muy cercano a mí), así se pasaron volando alrededor de dos años.

Enamorado, confidente, compañero de clase, amigo, novio, alguien de quien aprender y compartir, Jeremy era todos ellos, pero al mismo tiempo no era ninguno, nadie.  Nuestra “relación” estaba en el limbo, en zona federal (ni de aquí, ni de allá), no tenía nombre, mucho menos etiquetas.  Así que no había compromisos, protocolos, expectativas, promesas, ni mucho menos rupturas.

Por cuestiones de trabajo, cambié de horario y grupo en la universidad, era difícil mantener la “amistad”, estudiábamos en la noche y además trabajábamos todo el día. No pasó mucho tiempo y ¡sí! nos separamos, me fui al extranjero e intenté, tener un nuevo comienzo. Para mi sorpresa,  los e-mails de Jeremy empezaron a cruzar el océano con cierta frecuencia, con un tono cada vez más “serio”, desde un “la extraño” hasta “¿ha pensado en que exista una posibilidad?, “yo viajo hasta donde esté, para demostrarle que es verdad”, “¡por favor, no tire a saco roto mis palabras!”

Yo me espantaba, me indignaba y ¡sí! hacía de oídos sordos a sus preguntas y comentarios, aunque mi interior, en una minúscula esquina susurraba ¿será posible qué Jeremy…?

Se fijó la fecha del viaje, se hicieron los preparativos, los documentos, la visa, las visitas y llamadas a la embajada, se empezó a buscar alojamiento y a “hacer planes” para disfrutar de un invierno de aprox. -25 grados con 70cm de nieve. Febrero se convirtió en el mes del gran encuentro, un mes para esperar sorpresas … ¡vaya sorpresas! inesperadas.

Era Noviembre, a punto de acostarme, “ring-ring”- sonó el teléfono, en la pantalla aparecía llamada internacional, sentí escalofríos extraños, se me hizo un nudo en la garganta, y sin pensarlo mucho, contesté … ¡aló! – era Jeremy, al principio no lo reconocí, me era tan familiar, mas no podía recordar la cara de a quién pertenecía esa voz. Cuándo supe quien estaba del otro lado del auricular, la emoción de descubrir quien me estaba llamando del extranjero pasó a ser nausea, sentí que mi rostro mudó; ¿qué se supone que tengo que decir o hacer? empezamos a conversar; de mi parte no hubo saludo, preguntas, reclamos, mucho menos lágrimas; solo hubo silencio, esperaba respuestas y no se las iba a poner tan fácil, quería que demostrara su valentía, después de siete febreros de inexplicable silencio, reaparecía en escena como si nada.

Él no era más que Jeremy, no representaba más que eso, una no -relación, nunca rompimos porque nunca fuimos nada, él fue el chico que tuve pero que realmente nunca fue mi chico, era con quien nos vimos por un par de años sin nada oficial, con quien nunca se abordo el ¿qué somos?, no nos pusimos etiquetas.

El término Jeremy fue sacado del ensayo de la ganadora del concurso de ensayos del New York Times sobre los amores modernos – aunque yo estoy muy lejos de ser moderna. En su ensayo llamado No labels no Drama, right? (Si no hay etiquetas no hay dramas, ¿verdad?) ahí, la autora  Jordana Narin cuenta su experiencia con su Jeremy, el original y escribe lo siguiente Y así un nombre – al que me refería a menudo – se convirtió en un arquetipo, un tropo, un sustantivo de uso general utilizado por mis amigas de la universidad para hablar de “ese chico, él que se queda en un inframundo entre amigo y novio, a menudo durante años”.

Esa semana de la llamada hablamos todas las noches, para ese tiempo yo ya estaba de regreso en mi casa y él fuera del país; era un tiempo de tensión para mí, por segunda vez había decidido tomar mis maletas y aventurarme, literalmente al otro lado del mundo, a un lugar más lejano que el primero, y sólo Dios sabría cuando iba a regresar.

De ser estudiantes universitarios pasamos a ser; en mi caso una graduada de maestría, con una visión del mundo más amplia, iniciativas de proyectos, llevando consigo un cúmulo de experiencias y gente hermosa en mi espalda y corazón, con deseos de comerme el mundo.  Él, mi Jeremy, había hecho su vida (en todo el sentido de la palabra), sin haberse molestado de decirme “adiós”, “no habrá viaje”, “empecé algo con alguien” –  algo en serio.

En mi nuevo destino, Jeremy era lo último que estaba en mis pensamientos, tres años después de haber aterrizado en este país, los correos empezaron a llegar muy esporádicamente, ya que por razones que desconozco y en las que no deseo indagar, Jeremy estaba solo otra vez.

Después de diecisiete años de conocernos, quince de no vernos, seis de no saber nada uno del otro; se reanudó la comunicación, ¿cómo? ¡no lo sé!, a pesar de los 12,992 kilómetros de separación; los detalles, los poemas, las historias, las citas virtuales, las canciones con dedicatoria, los recuerdos re-contados, los regalos, las sonrisas a la pantalla y las largas conversaciones se hicieron presentes. A diferencia del pasado, ahora había conversaciones de temas más íntimos como la familia, los problemas personales, financieros; las preocupaciones, la enfermedad, compartir decisiones, intercambiar proyectos y pedir opinión, ayuda mutua, explicación de detalles y esas “cositas” de las parejas convencionales. Hasta que un vientitres de agosto, llegó una de las cartas más largas que he recibido (de Jeremy), con una confesión amorosa y una explicación (un poco infantil) del por qué no sucedió nada aquel ansiado febrero.

En realidad, con su actitud él simplemente reiteraba su título de Jeremy, pero no le duró mucho, esta vez, después algunos meses de tan deseado “acercamiento” (virtual), sí pregunté “entonces ¿qué somos? ¿hacia dónde vamos? ¿qué es todo esto? ¿hay un nosotros o sigue todo en la misma línea de partida que hace sapotocientos años? ¿está dispuesto a intentarlo o? … la historia se terminará aquí.

Personalmente, para mí estas cosas del amor están muy lejos de ser un juego o  meramente hacerse compañía en un día lluvioso o tener a quien regalarle algo el 14 de febrero, esto es un compromiso mutuo, en donde ninguno de los dos es más que el otro, donde el bien del otro es tan importante como el propio.  No se trata de ser cursi o echada a la antigua, en nuestro interior necesitamos estabilidad y pisar tierra firme, no solamente volar por momentos esporádicos de cuentos de fantasía hechos realidad.

Muchos opinarán que es mejor sin etiquetas, ya que hay más libertad, el problema es cuando uno de los dos quiere hacer de esos pedacitos, una obra completa, es algo inevitable.  Con los Jeremy es difícil romper, no hay comienzo tampoco hay final; si no hay punto final y no se cambia la página Jeremy estará ocupando un espacio que no le corresponde (que no merece). Por pequeño que sea, estará robándonos el sueño y la tranquilidad como un mosquito en la noche.

El apego emocional es algo muy fuerte, los lazos que muchas veces se han entablado con los Jeremy parecieran estar hechos de acero, ya que una y mil veces decimos “ya no más” y volvemos a caer.

Conozco a muchas personas que han tenido un Jeremy (o son Jeremy, este es otro tema) pero no sigamos esperando que Jeremy se convierta en esa persona, ya que ha tenido suficiente tiempo para tomar una decisión, y si no lo ha hecho antes, no lo hará después.  Si no hay etiquetas no hay dramas, ¿verdad?

20 comentarios en “Los “Jeremy”

  1. Me encanto! Desde la primera linea el estilo y la narración casi me parte el corazón, esos relatos que ya casi no se encuentra. . . y bueno mi Jeremy no duro mucho es más creo que era yo. . . y el esperando a que le diera una señal. Si bien sabia que si empezábamos no llegaríamos muy lejos porque su visión y la mía no encajaban y como dice quería un compromiso formal no alguien para los 14 de febrero. Nunca empezamos nunca terminamos. . . yo me fui y al poco tiempo ya tenia a otra. Yo feliz, porque sabia que al menos no estaba esperándome, aunque tal vez hubiera sido bueno haberle dicho eso alguna vez, en vez de dejarlo en la espera de algo irrealizable.

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    • ¡Qué me alegra que te haya gustado!! Eso me anima muchísimo. También por la valentía de compartir tu historia^^ Yo también fui Jeremy de alguien, pero desde el principio se lo advertí, ¿muy mala, no?

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  2. Erika dijo:

    Uyy que hermosa reflexion , me encanta. Yo tambien he tenido un Jeremy en mi vida. Igual lo conoci desde que tenia como 10 años , despues el se tuvo que ir a USA y me llamaba cuando podia. Solo teniamos una cosa en comun , habiamos crecido en el mismo pueblo, me vine a Corea y perdi comunicacion con el, despues conoci a un chico con el que tuve una relacion seria y me olvide de mi jeremy. Cuando volvi a Mexico el regreso tambien. Inmediatamente me contacto para salir a charlar, acepte la invitacion , pero me sentia diferente porque ya estaba enamorada de alguien mas. Se lo dije y creo que no le gusto la idea, pero como tu dices nunca empezamos nada, nunca terminamos nada. Me siento muy identificada con esta reflexion. Gracias por compartirla.

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    • Es como una relación “normal” pero sin principio ni separación, pero eso no significa que tenga final feliz, además hay cierta inestabilidad ya que no se puede “esperar”nada, porque no son nada.

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  3. Bliss dijo:

    encantada con tu reflexion!!!! Me hace recordar la frase que dice: El puso tres puntos a su historia, ella borro dos.
    Tal vez Jeremy robo tiempo, etiqueto emociones, provoco noches de insomnio pero seguramente en mucho tiempo dio vida.
    Sigue disfrutando tu vida estimada amiga!!! sentir, es lo que nos recuerda que estamos vivos.

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  4. Simplemente me encanto! Me encanto el toque que le diste y la bonita reflexión que diste al final. Nunca ha habido un Jeremy en mi corta y larga vida, pero he escuchado de muchas historias como esas. Me encanto el final porque nos das un lindo mensaje a cada una de nosotr@s, y es de amarte a ti primero! Saber lo valiosos que somos cada uno y que se vale soñar por el Mr. Right, no conformándonos con pequeñas sobras o personas que nos toman como segunda opción.

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  5. Diana dijo:

    Creo que estos Jeremys forman parte importante de nuestra historia de vida, no se hasta que punto necesitamos idealizar a alguien y mantener ese recuerdo vivo para tambien sentirnos vivos o el preguntarnos el “si hubiera?”. Aun asi ocupan un espacio especial en nuestro corazon.

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  6. Ah las relaciones utopicas, tuve una, pero no tan profunda como la tuya, la mia fue mas algo imposible, como cuando te enamoras de una cantante o actriz jeje. Pero en el caso de una relacion de este nivel, pero que siga siendo utopica si es complicado, bonita forma de compartir la historia de tu Jeremy y de abrir un poco tu corazon con tus lectores 🙂

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    • Gracias por reaparecer entre los “fans”, pienso que entre más abierto se sea al contar las anécdotas, las personas se sienten más identificadas, porque al final “nos pasa a todos”

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