Campeones sin podio, ni medallas

No sé a qué nivel tendría que llegar (o mutar) la civilización humana, para contar con un sistema de evaluación que no fueran meramente números por una actuación en un lugar y tiempo determinados, sería genial medir el esfuerzo en el proceso, además de los resultados finales.

Todos nosotros, independientemente del área en la que nos desarrollemos, buscamos una recompensa, sea ésta monetaria o de reconocimiento; no por jactarnos, sino por saber que somos buenos en algo, y sobre todo, en algo que disfrutamos hacer.

Uno de los rayones más profundos de mi disco duro interno es el impacto que ha dejado el deporte (federado) – disciplina, dedicación, organización y manejo del tiempo libre, superación, control de emociones, perseverancia, sudor, tenis rotos, camisetas percudidas, moretones, dignidad en la derrota, recuerdos, muy buenos amigos y satisfacción personal – los valores aprendidos en mi tiempo de atleta los aplico en mi vida diaria, aún hoy.

Que ¿cómo llegué a esgrima? En las vacaciones de fin de año del ´96 – no las quiero ver viendo televisión ni levantándose tarde, dijo mi papá – mi mamá nos llevo a la ciudad olímpica para ver los diferentes deportes y así escoger uno.  Antes de ir, ya estaba decidida “karate”, pero mi papás dijeron que no, de por sí era media sublevada y me imaginaron tirando patadas y peleando con Raymundo y todo el mundo. Días después conocí en mi escuela a un esgrimista y me sorprendí,  ya que no sabía que ese deporte existía – ¡guau, espadas, careta, uniforme blanco! El fin de semana siguiente, mi mamá me llevó a conocer la sala de armas, estaban en plena competencia y automáticamente dije ¡esto quiero! Ella se quedó con cara de signo de interrogación, porque nadie entendía como se hacían los puntos.

Me encantaba ir a entrenar, aunque eso supusiera dormir poco por desvelarme todos los días para terminar mis tareas, dejar de salir con amigos por ir a entrenar o participar en competencias y andar siempre con el brazo o las piernas moradas.

Claro, el sueño de todo deportista es ganar las competencias para irse acercando al Templo de Zeus, un lugar en donde no todos los mortales pueden entrar, los Juegos Olímpicos.

Esta meta que se traza cada 4 años, es una caminata cuesta arriba que está llena de obstáculos, en donde un licuado de factores juegan en tu contra para llegar a la cima; y no piensen en medallas o nuevos récords; hablo de lograr dominar el cuerpo a tal punto que responda naturalmente a los estímulos que se tienen que superar en una competencia de alto nivel y así dar un buen resultado (que lo concebimos como medalla).

Muchas veces me sentí campeona, sin haber obtenido medallas.  ¡De mediocre nada! el descubrir que en la competencia había superado a las atletas que siempre me ganaban, tener la capacidad de controlarme y entre los gritos mudos de los espectadores, oír las indicaciones del entrenador o lograr hacer un movimiento (técnico) que por nervios o descuido no hacía antes, ya era bastante … había mejorado.

Pueda que mi voz no tenga mucho peso en esta área, solamente fui campeona nacional, plata y bronce centroamericana y logré clasificación al Campeonato Centroamericano y del Caribe, no fui “famosa”, además por cuestiones de trabajo y estudio tuve que abandonar el deporte; es difícil trabajar a tiempo completo, estudiar en la universidad y encima practicar deporte como seleccionada nacional … tomar esa decisión fue difícil, un día lleno de “determinación” (furia) fui a tirar al basurero todas mis cosas, recortes de prensa y medallas, no quería saber nada más y tampoco que me estuvieran “tentando” a regresar (años después me enteré que mi mamá lo recogió de la basura).

Los directivos, los expectadores, los noticieros en general apuntan a las medallas (es obvio), se celebra como país el subir al podio; llega un momento en donde a los atletas solamente les exigen medallas de cierto color, por las expectativas que se tienen de ellos. Pero una cosa sí les puedo decir, el simple hecho de cla-si-fi-car a un evento de esos  (campeonatos de reconocimiento internacional) requiere de muchísimo sudor y dedicación.  La medalla de bronce no significa que se haya esforzado menos que el de plata o el oro.

La calidad del entrenamiento, el estado emocional del atleta, su constitución y condición física, los años de fogueo y la cantidad de experiencias deportivas previas son los factores más básicos que pueden hacer la diferencia en los resultados de un atleta.  Ya que por una gota de sudor que entre en el ojo en el momento menos indicado, la relación que se tenga con el entrenador, un estornudo atorado, la flexión de una rodilla, dar un paso en falso, el clima y el efecto que éste tenga en el cuerpo, aguantar la respiración en el segundo equivocado, algo que se le haya pasado por alto al árbitro, un centímetro que no se calcule bien, etc., y todo el trabajo de cientos de horas se va al suelo.

Gracias al esfuerzo de una nueva generación de atletas y sus entrenadores, el nombre de GUATEMALA ya se oye un poco más en el mundo deportivo.

En estos días los atletas “chapines” están sacando la garra por representar a nuestro país en Toronto, Canadá, a mi criterio ha sido uno de los mejores años para el “país de la eterna primavera”, hay medallas en deportes poco conocidos, así que los insto a no sólo celebrar el podio; están regresando muchos atletas sin medalla pero con clasificación a la Olimpiada.  Eso también es una victoria.

A pesar de haber pasado 19 años, mi corazón sigue latiendo agitado en cada competencia en la que soy parte del público.  Todavía recuerdo los nervios previos a la competencia tratando de calentar el cuerpo con algunos ejercicios, probar las armas antes del asalto, amarrarme bien el pelo dentro de la careta; después (fanfarrias estomacales) “Oruga Feliz de Guatemala y Fulanito de Macondo a la pista”, a veces era un miedo extraño el que me invadía; mientras saludaba al juez y a mi contrincante, mentalmente me repetía una y otra vez lo que debía y no debía hacer. El juez daba el ¡En garde, prêt, allez! y un silencio profundo me rodeaba, era capaz de escuchar mi respiración y el choque de las hojas de los floretes, nada más.

Una vez más felicidades a todos mis compatriotas que con el corazón han peleado por las preseas y han hecho sonar nuestro himno en estos juegos Panamericanos. Con o sin podio, con o sin medallas, son unos campeones.  Porque si en las competencias se pudieran medir el esfuerzo y la pasión, dejaríamos a todos los demás sin medallas.

Exesgrimista

  

10 comentarios en “Campeones sin podio, ni medallas

  1. OSCAR ORANTES ANZUETO dijo:

    HERMOSAS REFLEXIONES DE ALGUIEN QUE HA VIVIDO TODOS ESOS MOMENTOS INDESCRIPTIBLES QUE OFRECE LA ENTREGA, LA PASIÓN, EL CORAJE DE SER ATLETA, Y SOÑAR EN GRANDE, LUCHAR EN GRANDE YA SEA POR UN RECONOCIMIENTO, UNA MEDALLA O SIMPLEMENTE POR SENTIRSE A LAS PUERTAS DEL CIELO….

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    • Me alegra Oscar que te haya motivado, el esgrima es un deporte muy particular y quienes los practicamos nos llegamos a enganchar tanto con él, que lo añoramos cuando no lo practicamos. Te deseo lo mejor en tus entrenamientos 🙂

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  2. Marlin dijo:

    Que bonito esta, me describe a mi también, hasta se me puso la piel d gallina, eso es ser un verdadero atleta, bien hecho, solo asi es como se logra algo cuando lo haces con pasion! Emoticón smile Lo compartire!!

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    • Gracias Marlin! Yo cuando veo competencia por la tele o en internet también se me pone la piel de gallina y siento que estoy ahí jejeje. A seguir haciendo las cosas con pasión 🙂

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  3. Luz Hernández dijo:

    Muchas veces he pensado exactamente en lo que tus palabras recrean, el simple hecho de pararte en una pista y competir debería ser considerada una gran azaña.. Por supuesto que todo atleta sueña con el color de las medallas pero a mi criterio lo que en realidad vale es el esfuerzo detrás de la victoria o la derrota, es dificil llegar a obtener un lugar en el deporte de alto nivel y es aún más dificil mantenerse en el. Aunque no soy una deportista de alto nivel y reconocimiento lucho, sufro, rio, lloro y dejó mi alma junto a todo mi esfuerzo y mis sueños en cada match y aunque algunas veces me he sentido decepcionada de lo duro que es el sabor de la derrota sigo aquí de pie en busca de satisfacciones personales, esas que me hacen sentir que Todo vale la pena.
    Gracias por la lectura tan inspiradora, creeme que ha sido de mucha esperanza e inspiración para mi.

    -Esgrimista.

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    • Muchísimas gracias Luz por tu comentario. De verdad que sólo el pararse en una pista es un desafío personal; me encantó eso de río, sufro, lloro y dejo el alma, es exactamente lo que se experimenta cuando haces algo con pasión. Sigamos disfrutando al máximo de lo que hacemos porque eso hace la diferencia, como tú dices va más allá de perder o ganar, hay algo dentro de una que le dice “lo hiciste bien” “hoy te luciste con esa parada de cuarta” “qué bien le agarraste la distancia” “bien, has sabido ver su ataque”, etc., todas esas cositas se van sumando y lo hacen estar satisfecho. Un fuerte abrazo y a seguir adelante^^

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  4. soñador IMR dijo:

    La vida es como el deporte, una carrera de obstáculos y en la que muchas variables afectan al resultado. Es verdad que al mirar atrás nos vienen recuerdos y nostalgia de lo pasado y vivido, pero la gran esperanza es poder cada día de nuevo retar y desafiar, pues cada mañana comienza nuestro nuevo reto y oportunidad para superar y vencer nuestros miedos e incluso nuestra gran enemiga personal del conformismo y comodidad.
    Es verdad que todos sueñan con los éxitos y reconocimientos, con los colores de las medallas y llegar más allá. Más el sabio aprende de los errores del camino, y los fracasos los convierte en una oportunidad. Las medallas siguen a las personas de éxito, aquellas que han aprendido a desafiar y a retar, aunque en todo su entorno solo haya habido adversidad. Pues una medalla para mi no es el objetivo, más bien la recompensa que aunque al final del camino seguro llegará.
    Me alegra ver que la gente siga soñando por ver su patria Destellar, y que con gente como tu que desafía, Dios seguro ese deseo hará una realidad.

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    • soñador IMR gracias por tu tiempo y compartir tu punto de vista. Tienes toda la razón, una medalla no es el objetivo sino la recompensa. Y sí, sigamos soñando 🙂 y desafiando.

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